Testimonios

Historias reales de personas que encontraron su camino hacia el bienestar

Cada persona que llega a Selva Viva trae consigo una historia única. Algunas vienen preocupadas por números en un análisis médico, otras por síntomas que les impiden disfrutar su vida cotidiana, y muchas simplemente sienten que algo no está bien y quieren tomar acción antes de que sea tarde. Aquí compartimos algunas de sus experiencias, con su permiso y en sus propias palabras.

RM
"Llegué a Selva Viva después de que mi médico me dijera que mi presión arterial estaba fuera de control. Tenía 62 años y sentía que mi cuerpo ya no respondía como antes. Las escaleras de mi edificio se habían convertido en mi enemigo; subía los cuatro pisos deteniéndome en cada descanso para recuperar el aliento. Mis nietos me pedían que jugara con ellos en el parque y yo inventaba excusas porque sabía que no podría seguirles el paso. Después de completar el programa Armonía del Pulso, todo cambió. No fue de la noche a la mañana, pero gradualmente comencé a notar que podía subir las escaleras sin detenerme. La semana pasada jugué casi una hora con Sofía y Mateo sin necesitar sentarme. Mi cardiólogo está sorprendido con mis últimos estudios."
— Rosa María G., 64 años, Ciudad de México Programa: Armonía del Pulso
JH
"El estrés de mi trabajo me estaba matando, literalmente. Como contador en una empresa grande, las temporadas de cierre fiscal me dejaban sin dormir, con dolores de cabeza constantes y un nudo permanente en el estómago. Un día, mientras revisaba reportes, sentí que el corazón se me salía del pecho. Fue un ataque de pánico, pero en ese momento pensé que me estaba dando un infarto. Esa experiencia me llevó a buscar ayuda. El programa de Serenidad Cardíaca me enseñó técnicas que ahora uso todos los días. Respiro diferente, reacciono diferente. Este último cierre fiscal fue el primero en quince años donde no terminé enfermo. Mi esposa dice que soy otra persona, y tiene razón."
— Jorge Humberto P., 58 años, Guadalajara Programa: Serenidad Cardíaca
MC
"Después de la menopausia, mi cuerpo cambió de maneras que no esperaba. Subí de peso, mis niveles de colesterol se dispararon, y empecé a sentir las piernas pesadas todo el tiempo. Mi doctora me sugirió hacer ejercicio, pero los gimnasios me intimidaban y correr me parecía imposible a mi edad. Encontré Selva Viva buscando alternativas y decidí probar Circulación Vital. El agua tibia de la piscina fue una revelación; por primera vez en años podía moverme sin dolor en las rodillas. Los ejercicios acuáticos se sentían más como juego que como trabajo. Seis semanas después, la hinchazón de mis piernas había desaparecido casi por completo. Ahora voy a nadar por mi cuenta dos veces por semana."
— María del Carmen S., 59 años, Monterrey Programa: Circulación Vital
EV
"Toda mi vida fui de buen comer. Los tacos, las carnitas, el chicharrón... eran mi debilidad y mi consuelo. Cuando me diagnosticaron colesterol alto y triglicéridos por las nubes, el médico me dio una lista de todo lo que ya no podía comer. Me deprimí pensando que nunca más iba a disfrutar la comida. El programa de Nutrición del Corazón cambió mi perspectiva completamente. No me prohibieron nada; me enseñaron a cocinar diferente, a descubrir sabores que no conocía, a disfrutar sin excesos. Aprendí que un buen mole puede ser saludable si se prepara bien. Mis últimos análisis salieron normales por primera vez en una década, y sigo comiendo rico todos los días."
— Ernesto Valentín R., 66 años, Puebla Programa: Nutrición del Corazón
AL
"Mi esposo falleció hace tres años y desde entonces mi salud se deterioró rápidamente. El duelo me consumía, no tenía ganas de nada, y empecé a descuidarme. Subí quince kilos, dejé de salir, y mi presión arterial se volvió inestable. Mi hija me inscribió en Selva Viva casi a la fuerza. Al principio iba sin ganas, pero poco a poco el ambiente cálido y las personas que conocí ahí empezaron a sacarme de mi encierro. El programa combinaba actividad física con apoyo emocional, exactamente lo que necesitaba. Hoy, dos años después, sigo viniendo a las clases de mantenimiento. Este lugar se volvió mi segunda familia. Volví a viajar, retomé mis clases de pintura, y aunque extraño a Ramón todos los días, aprendí que honrar su memoria significa vivir bien."
— Aurora Lucía M., 68 años, Querétaro Programa: Serenidad Cardíaca + Armonía del Pulso
FT
"Soy jubilado del gobierno y pensé que al dejar de trabajar me sentiría mejor. Pero sucedió lo contrario: sin la rutina del trabajo, me volví sedentario, engordé, y empecé a sentir molestias que antes no tenía. El médico me dijo que necesitaba actividad física urgente, pero a mis 63 años no iba a ponerme a correr ni a levantar pesas. Un vecino me recomendó Selva Viva y decidí probar. Lo que más me gustó es que nadie me presionó ni me hizo sentir fuera de lugar. Los ejercicios estaban adaptados a mi condición, y el progreso fue gradual pero constante. Ahora camino cinco kilómetros diarios sin problema, mi peso bajó, y lo más importante: volví a sentirme útil y activo. Hasta me animé a entrar a un grupo de caminata del parque."
— Francisco Tomás D., 65 años, León Programa: Armonía del Pulso
GN
"Las várices me habían quitado las ganas de usar falda. Tenía las piernas llenas de venitas moradas y al final del día sentía que pesaban el doble. Como maestra, paso muchas horas de pie, y llegaba a casa arrastrando los pies. Probé cremas, medias, remedios caseros... nada funcionaba realmente. El programa de Circulación Vital fue diferente porque atacó el problema desde adentro. Los ejercicios en el agua, los masajes especializados, y los cambios en mi alimentación hicieron una diferencia visible. No desaparecieron las várices que ya tenía, pero dejaron de empeorar y las nuevas dejaron de aparecer. Y lo más importante: ya no termino el día con ese dolor sordo que me acompañó durante años."
— Gabriela Noemí C., 54 años, Toluca Programa: Circulación Vital
RO
"Mi historia con Selva Viva empezó cuando mi hija me regaló el programa de Nutrición del Corazón para mi cumpleaños 60. Yo estaba escéptico; pensaba que iba a ser otra de esas dietas que duran dos semanas y luego se olvidan. Pero desde la primera sesión entendí que esto era diferente. No me trataron como enfermo ni me hicieron sentir culpable por mis hábitos anteriores. Me enseñaron con paciencia, me dejaron ir a mi ritmo, y nunca me presionaron. Hoy, casi un año después, cocino para mis nietos platillos que son ricos y saludables. Ellos ni siquiera notan la diferencia, pero yo sé que les estoy dando lo mejor. Y de paso, bajé doce kilos sin pasar hambre ni renunciar al placer de comer."
— Roberto Óscar J., 61 años, Mérida Programa: Nutrición del Corazón

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